viernes, 20 de abril de 2012

El aplastamiento de las gotas.




Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
 


 Julio Cortázar.


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2 comentarios:

  1. que curioso es ver como aveces nos parecemos a estas gotas, cuando nos surgen problemas, al inicio intentamos ser fuertes y no nos dejamos vencer , luego la carga aumenta y nos llena la intranquilidad, para que finalmente no soportemos y nos derrumbemos.

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  2. Que bonito es tener en un momento dado la inspiración suficiente para expresar en pocos palabras mucho de lo que se siente.

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