martes, 1 de mayo de 2012

Llueve...



El cielo llora mi desespero, invade mi alma estancada en tu adiós.
Golpea sobre mi cara, intentado despertarme de este trance, pero es ya tarde, muy tarde.
Miro hacia la bóveda celeste en busca de tu rostro pero el cruel rocío me lo impide.

Cuando caminó por el sendero de la mentira, la irreductible hipocresía, supe que nunca fue parte de mí, tan solo una entidad física que nunca trascendió el muro insoportable de mi piel.
Y ahora aquí, buscando mi rumbo, naufrago a placer en letras, verbos, palabras, ese paisaje imaginario, intangible y maravilloso que llamamos soñar, y me siento vivo, respirando feliz el aire de tu ausencia.

sábado, 21 de abril de 2012

Lo in-conspicuo de tus satélites.

¡¡La luna tiene una gemela!!

Son ellas dos, coordinadas en todo instante, brillantes, lucidas.
Manifiestas a tal punto que cualquier distraído podría jurar estar viendo doble.
Son ellas dos, grandes sin importar la jornada, siempre interrogantes, confundidas, húmedas.

Acotadas por estrellas oscuras, sinónimas, hisopadas sobre el lienzo que tus malares moldean,
De cuando en vez envueltas en nubes prolongadas, empapadas de oro
Proyectadas desde la fuente de mi desvío.

Son tus lunas, son mis ojos
Son tus ojos, son mis lunas.

S.L


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viernes, 20 de abril de 2012

Lasitud

Lasitud

Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.

Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.

Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.

En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.



Paul Verlaine.

 Verlaine por Paterne Berrichon.

``Abre tu alma y tu oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera.''
                                                 

El aplastamiento de las gotas.




Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
 


 Julio Cortázar.


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